cosmeticos

Es la actividad de los ingredientes (hidratan, reafirman, cohesionan, regeneran) lo que da resultados visibles y lo que determina también el precio del cosmético (después de la publicidad y la investigación, claro). Estos principios activos pueden ser de origen vegetal, mineral, animal o sintéticos (de laboratorio). 

El excipiente es el lago donde se bañan los principios activos, demasiado inestables y puros para que campen a sus anchas o para aplicarlos directamente a la piel. Se mezclan con las sustancias que se llaman excipientes y ya se pueden usar como cosméticos: por eso le llaman el vehículo del cosmético. Los laboratorios escogen el excipiente para darles forma de crema, stick, espuma, etc. Le acabamos llamando textura.

El ingrediente principal del excipiente es el agua (60-90%) pero también el alcohol y productos derivados de la petroquímica. Suena mal pero sin excipiente no hay cosmético en tu neceser. Como ejemplos tenéis los aceites esenciales, la vaselina, la parafina, etc. No aportan valor al cometido del cosmético: no confundir con los principios activos. Muchos problemas de alérgias vienen del excipiente.

Y sobretodo de los aditivos, por supuesto: los colorantes, los conservantes, el perfume. Todo el batallón de posibles agentes irritantes a tu servicio. Pero ni con ellos ni sin ellos: hacen que una crema sea estable, aplicable, huela bien o que su aspecto sea agradable. Porque ¿te aplicarías un fluído de color verde-sospechoso que huela a alcachofa podrida?. La batalla actual es disminuir estos aditivos en favor de otros menos agresivos, para alegría de las pieles sensibles.

Con lo cual, ¿qué hace que un cosmético sea mejor que otro?. La eficacia está en la calidad del excipiente y en el porcentaje de principios activos que rara vez supera el 3% de la fórmula: es el componente caro, efectivo pero poco comercial.